Yo, simio – Sergio Gómez

mayo 10, 2016
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10 Ese invierno fue durísimo 

Durante el invierno mis labores fueron menores, pero al llegar la primavera comenzó un arduo trabajo. Trataba de recordar lo que observaba en los jardineros del zoológico, pero no era suficiente. En una bodega especial, guardaban químicos y fertilizantes, pero no me atrevía a utilizarlos. Una tarde, tratando de entender las etiquetas, la impotencia y desesperación se apoderaron de mí y lancé un grito simiesco, golpeé un saco de tierra y rompí una silla. No me di cuenta cuando entró Leonor a la bodega. Ella se acercó a los productos y comenzó a leer las etiquetas señalándome sus usos, pues dijo que ella sabía algo, pues su padre trabajaba de jardinero en el sur.

Al terminar salió.

Nunca he comprendido qué lleva a los humanos a distintos sentimiento: la solidaridad y el odio.

Era primavera, trabajé arduamente mi jardín. Sentía una necesidad de ser aceptado por esos días.

Cierto día, entró a mi habitación el mayordomo, dijo que la señora Dama estaba conforme con mi trabajo, pero que debía hacer uso de mi día libre. Además dijo que deseaba que el día domingo, como los demás empleados, la acompañara a la iglesia. Acepte con un gruñido sin entender.

El día domingo me levante temprano. La señora Dama subía junto al mayordomo al automóvil. Más atrás venía Leonor con la cocinera, que avanzaban muy bien vestidas.

Subimos al vehículo que nos llevó hasta una iglesia. Allí los patrones se sentaban adelante y los sirvientes atrás. Todos se saludaban y vestían muy cuidadosamente, yo era la excepción, con mis zapatillas de basquetbolista y mi ropa de jardinero.

Traté de entender lo que decía el cura, aunque no entendía bien.

Mi conclusión me confundió: antes de sentir alivio por esas palabras, sentí temor.

El resto del día libre lo pasé en una plazoleta. Reconocí a Leonor caminando embobada con un hombre.

Al día siguiente la señora Dama me envió con el mayordomo un traje, corbata y zapatos.

El domingo siguiente me coloqué el traje, no así los zapatos, pues mis pies nunca se acostumbrarían a otro calzado que no fueran mis zapatillas de basquetball.

A veces cuando todos dormían, me quitaba la ropa y subía a los árboles, colgándome en sus ramas.

Cierto día al terminar de jugar en los árboles me di cuenta que el mayordomo, mientras fumaba un cigarro, me había observado.

Pensé que me despedirían, pero no ocurrió nada, sin embargo, cada vez que me encontraba con el mayordomo me observaba con una mirada extraña que me dejaba temblando.

 

11 En plena primavera vi a la señora Dama 

Vi a la señora Dama pasearse por mi jardín.

Me quedé en mi cabaña observándola desde la ventana.  Volvió a la casa y salió con un sombrero y un libro. Caminaba lentamente y al pasar por mi cabaña me miró y sonrió inclinando la cabeza. Había aprobado el jardín. Esto me llenó de fuerza.

Un día encontré mis flores pisoteadas, destrozadas. Me quedé desolado mirándolas, cuando se acercó Leonor, la cocinera y el mayordomo. Sentí mucha rabia, pero me logré controlar.

Antes de entrar, el mayordomo me dijo con sarcasmo:

– Va a tener que empezar todo de nuevo, señor jardinero.

Al siguiente día sembré nuevas plantas. Estaba seguro que el mayordomo destruiría nuevamente mi jardín y decidí atraparlo.

Cerqué el sector con un hilo que amarré finalmente a uno de los dedos de mi pie, así cuando alguien se acercara, el hilo tiraría y descubriría quien fue, mientras yo esperaba solo una certeza.

Una noche sentí el tirón en mi dedo y observé a una persona que se deslizaba entre las sombras. Me lancé sobre él y el ruido hizo que Leonor saliera.

Al levantarme vi que el cuerpo debajo de mi era Joao, el novio de Leonor.

Leonor comenzó a llorar, dijo que su novio era el que había roto las flores la vez anterior, pero no se había dado cuenta, ella no podía decir nada, pues si se enteraban que su novio entraba a la casa, la despedirían.

Muy serio indiqué con el dedo al novio y luego el terreno sembrado.

Al día siguiente el novio llegó temprano con su sombrero de jardinero.

A la hora del almuerzo, el mayordomo pasó por nuestro lado y dijo:

– Veo que consiguió ayudante – sonriendo.

Él sabía que yo lo creía culpable y eso me avergonzó.

 

12 La señora Dama 

La casa de la señora Dama era muy respetada y acudía gente muy importante, en ella se había decidido cosas muy importantes para el país.

Cierto día, mientras ella tomaba el sol en el patio, me contó su historia:

Recién había enviudado hace 5 años. Su voz era serena y reflejaba cansancio y sabiduría. En su juventud ella y su novio Armando provenían de familias con fortuna y prestigio, pero él era rebelde y deseaba una vida tranquila y conservadora. Decidieron separarse, entonces Armando lo dejó todo y se marchó a tierras australes donde trabajó feliz como ovejero. Él pensaba en señora Dama y le escribía extensas cartas de amor, pero también de despedida, pues no pensaba regresar. Tampoco ella lo buscaría, pero un día las cartas dejaron de llegar y la familia decidió enviar a un primo para averiguar por él. El primo recorrió la región hasta que encontró arrieros que le contaron que en las veraneadas de los ovejeros en el límite con Argentina, habían sido asaltados por una banda que los secuestró, y después de robarles sus ovejas los había matado y abandonado en la estepa magallánica. El primo volvió a la capital a informar a la familia.

La señora Dama quedó desolada, pero algo le decía que él estaba vivo. Sin decirle a nadie se embarcó a Cabo de Hornos.

En una pulpería de Puerto Edén encontró a la venta la libreta que ella le había regalado a Armando, y el tendedero le contó que se la había vendido un ovejero llamado Yugo.

La señora Dama encontró a Yugo en un bar y al salir lo siguió montada en su caballo. Se hundieron en la  bruma de la estepa y cabalgaron por una hora. Yugo se acercó a una hacienda quemada y en ruinas. Una de las casa se encontraba con su techo intacto e iluminada. Allí 3 hombres esperaban a Yugo. Comenzaron a comer.

La señora Dama no sabía que hacer ahora y tampoco tuvo tiempo de pensarlo, pues entre los pedruscos apareció un hombre que la apuntó con una pistola, el hombre le ordenó seguirlo hasta la casa. Allí se burlaron de ella, estaban locos por el alcohol, menos un joven delgado que se mantenía aparte. Ella les exigió que le confesaran que habían sido de Armando y les mostró la libreta. Uno de ellos recordó a Armando como el joven leía. El jefe del grupo dijo que lo olvidara porque lo habían arrojado al río. Luego el jefe tomó su revólver y dijo que la mujer sabía demasiado y él lo solucionaría. La llevó por una loma, lejos del campamento. La señora Dama estaba destrozada. El hombre la obligó a arrodillarse, ella solo rezaba y pensaba en Armando con los ojos cerrados, cuando de repente sintió un disparo y pensó que estaba muerta. Al abrir los ojos vio al joven ladrón, y al jefe muerto. Sin decir palabra siguió al joven. Cabalgaron toda la noche hasta que el joven se detuvo y dijo:

– Hemos atravesado hasta la Argentina, aquí estaremos a salvo.

Ella agotada por el viaje le preguntó su nombre al joven.

– Mi nombre el Magallanes. Lo hice porque estaba cansado de esa vida y la llevo donde el hombre que usted busca.

 

13 En ese momento del relato 

En ese momento nos interrumpió el mayordomo con una taza de té. El mayordomo me clavó una mirada asesina y luego se retiró.

Llegaron a una hospedería y descansaron allí. Magallanes hablaba poco y no tenía más de 16 años. Contrataron un camión que los llevó al hospital que Magallanes decía debían dirigirse. En el hospital encontraron a Armando. Había sido trasladado al hospital después de encontrarlo casi ahogado en el río. Unas semanas después, se dirigieron en avión a Punta Arenas, la señora Dama, Armando y Magallanes. Desde allí tomarían un barco a Valparaíso, pero Magallanes decidió quedarse a seguir su vida. La señora Dama sabía que ese mundo era peligroso para Magallanes y lo convenció para que viajara con ellos a la capital. Finalmente Magallanes aceptó.

En Santiago la señora Dama y Armando se casaron y compraron la casa con amplio patio.  Contrataron a Magallanes como mayordomo donde trabajaba organizando la casa y estudiando con un profesor particular para aprender a leer y escribir.

Armando debía administrar los negocios de su familia, pero descubrió un sótano en la casa que refacciono y lleno con libros, además hizo llevar sillones y un escritorio. Allí pasó su tiempo libre llenando manuscritos solo por el placer de escribir.

Nació su hijo Armando. Los siguientes 30 años fueron agradables. Las fiestas sociales continuaron en la casa, pero Armando se eximia de ellos en su sótano, donde recordaba su Patagonia querida.

El hijo del matrimonio viajó a estudiar en el extranjero. Cuando regresó lo hizo con una novia, con la que pocos meses después se casó. La fiesta fue en la casa.

Los años siguientes Armando visitó a su médico por una dolencia en los oídos. El médico le dijo que era una complicada enfermedad y debería viajar al extranjero a tratarse, pero Armando no aceptó dejar su sótano, su mundo.

Toda la casa giró en torno a Armando, pero pocos meses después, Armando murió. Junto a la señora Dama. Así terminó el relato.

Quedamos en silencio, quise decir algo, pero ella me detuvo y dijo:

– Lo sé, lo sé, no te preocupes.

Sin palabras entendió que tenía mi afecto y apoyo.

 

14 Desde que supe el verdadero nombre. 

Desde que supe el verdadero nombre del mayordomo, lo veo de otro modo. Ya no me burlo de él como Leonor o la cocinera. Ni me parece hosca su mirada.

Después de 3 años en la casa, sigo recordando aquellos días de encierro en zoológico.

La señora Dama quería llevarme al médico para que tratara mi incapacidad para comunicarme, pero yo no quise porque sospechaba que mis diferencias tal vez eran más importantes.

Los domingos seguíamos yendo a misa. Las palabras del cura seguían provocando miedo, como cuando estaba encerrado en mi jaula.

Un domingo, después de misa, mientras cabeceaba de sueño en una plazoleta apareció Joao, quien me invitó a acompañarlo a pasear para agradecer el haberle conseguido empleo en la casa.

Nos subimos a un bus donde me enfermé.

Al bajar llegamos a unas calles que me parecieron conocidas.

Entramos a un edificio y nos sentamos en unos sillones muy cómodos de cuero. De repente comenzó la película, estaba por primera vez en un cine. Al principio me dieron risa las imágenes, pero luego me di cuenta que era como un sueño proyectado para mí. En la noche volví a proyectar la película en mi mente y no pude dormir.

Cuando salimos del cine, Joao comentaba la película entusiasmado, y de repente supe dónde estaba, corrí con mis 4 patas y llegué a la plaza con su catedral.

La conocía perfectamente, estaba tan contento que no pude evitarlo y me saqué las zapatillas para subir a los árboles.

Busque el lado de la estatua del alcalde Mansur, pero no encontré a mis antiguos compañeros.

Joao estaba muy impresionado y cuando bajé me agarró de un brazo para llevarme rápidamente porque 2 policías nos seguían.  Afortunadamente los perdimos.

Luego entramos a otro lugar donde nos sentamos en una banca y atrás se levantaba un telón blanco. Joao me incitaba a reír, cuando de repente veo un flash de una cámara. Creí haber sido golpeado y salí corriendo. Joao se reía a carcajadas.

Joao quedo con una fotografía y yo con otra. Ya había visto mi rostro, pero ahora lo comparaba con el Joao y surgían abiertamente las diferencias.

Recordé las palabras de Palmides como una maldición, cuando dijo que jamás sería como ellos.

 

15 El comienzo del quinto verano. 

En el quinto verano, donde la señora Dama, noté inquietud al interior de la casa. A media mañana vi salir un niño de no más de 7 años corriendo desde la casa al patio.

Vi como corría y destruía mis flores alegremente. Después me enteré que era Estebito, el nieto de la señora Dama. Había viajado desde el sur a pasar unas semanas de vacaciones con la abuela.

Con Joao recogimos las hojas secas en sacos, cuando me dijo que quería hablar a solas conmigo. Fuimos a mi cabaña y allí me explicó que quería casarse con Leonor y ella estaba de acuerdo, pero él quería contármelo a mí antes que nadie en la casa.

Puse mi brazo en el hombro de Joao y lancé algunos gritos de alegría que él entendió. De repente tras la puerta escuchamos unas risa, allí estaba Estebito riendo por mis gritos de simio. Nos miramos y le sonreí. Ya en la tarde, mientras trabajaba, Estebito se dedicaba a mirar insectos, aproveché la ocasión para sacarme las zapatillas y mostrarle mis peludos pies al niño, quien reía. Subí a los árboles y me balanceé de rama en rama haciendo acrobacias. Al bajar, Estebito aplaudía con delirio mi actuación. Me coloqué las zapatillas y comencé a trabajar.

Al día siguiente llegó a mi cabaña y jugamos hasta la hora del almuerzo. Me gustaba estar con niños, lograba comunicarme sin palabras y me llenaba de ánimo.

Joao y Leonor se casaron. La ceremonia y la fiesta la realizaron en la casa de Joao, a pocas cuadras de la casa de la señora Dama.

La casa era pequeña pero tenía un gran patio que usaban de acopio de fierro que vendían.

La ceremonia fue sencilla pero emocionante.

La señora Dama dijo algunas palabras que los invitados oyeron con respeto y luego se retiró con el mayordomo.

Yo permanecí en un rincón mientras todos bailan y Joao se acercaba con un vaso para brindar conmigo, todo era alegría, pero de repente se borró mi vista, todo se convirtió en una imagen lejana y borrosa.

Al despertar en la mañana, alguien dormía sobre mi hombro pasando la borrachera igual que yo.

Me fui a la casa y me llamó la atención la diferencia de las casas, aquí todo era seco, sin jardines, con casas de techo de cartón muy cerca de donde vivíamos, pero muy distinto.

Ya en la casa, mientras trataba de descansar llegó Estebito con energía, dispuesto a comenzar otro día.

 

16 Hasta que mi vida cambió definitivamente 

La pasividad de la casa me inquietaba. Recordaba las poblaciones pobres cercanas del barrio y esta me provocó curiosidad por saber ¿quién era yo?

Leonor y Joao se fueron a trabajar al sur, en reemplazo de Leonor llegó Brigiet, una mujer muy seria y que mostró inmediatamente las diferencias que tendría conmigo.

La señora Dama realizó un viaje por Europa por un largo tiempo. Esos días sin ella fueron de tristeza en la casa.

Me quedaba con la cocinera quien me hacía reír con sus historias sobre su gordura y la de su pueblo.

Cierta noche, salí al patio y vi encendida la luz de la habitación que usaba exclusivamente la señora Dama.

Pensé que ella había llegado, pero al mirar por la ventana vi al mayordomo sentado en un sillón bebiendo de una botella, con la mirada lejana y extraviada. De alguna forma también era un simio arrancado de su medio. De alguna forma, dentro de esa parquedad existía una persona como yo.

En primavera volvió la señora Dama, a todos nos trajo regalos. A mí me entregó una caja con un par de zapatillas blancas estilo basquetbolistas como las mías. Las antiguas las guardo en la misma caja de las nuevas.

 

17 Ocurrió al siguiente verano 

Al siguiente verano la casa se alboroto con la llegada de Estebito.

Llegó al patio donde me abrazó, estaba más grande.

La señora Dama nos convocó a una reunión donde le explicó a Estebito que debía estudiar la lectura pues estaba atrasado comparado con su curso, por lo que le contrataría un profesor para estudiar en las tardes, yo estaría encargado de que no faltara.

Contrató al mismo profesor de Magallanes. Yo estaba muy emocionado.

Las clases las realizaban en el patio y yo me instalé al lado colocando una hilera de hortensias. Trabajé lentamente sin perder una palabra del profesor.

Al terminar la clase corrí a mi cabaña a repasar la lección.

Y así fue todos los días. Al final termine sentado junto a Estebito escuchando la clase.

Poco a poco comencé a entender y unir palabras. Repasaba en diarios y revistas, hasta que llegó el fin del verano y Estebito se fue a su casa.

Cuando llegué a mi cabaña tomé mi único bien. Abrí la primera página y leí: “El 24 de febrero de 1815, el viaje de Nuestra Señora de la Guarda dio la señal…” y no me detuve en toda la noche.

También yo había sido un prisionero como el conde de la novela, ahora no lo era, y como él, buscaba mi venganza.

 

18 El descubrimiento de los libros 

Nunca pensé que sería tan devastador lo que me traerían los libros, sabía que podría conocer muchos secretos con la lectura, pero conocer mi verdadera identidad fue algo inesperado.

Todas las noches al botar la basura, recogía los diarios y revistas del día, los leía lentamente. Cierto día encontré un artículo sobre la desaparición de los primates en África, donde habían fotografías muy terribles con capturas de simios en la sabana africana. Al revisar las fotos vi mi verdadera identidad, esa era, la de un simio macho de la especie de los grandes primates, y eso fue tremendo. Me sentí estremecido, apenas me podía mover y caí enfermo. Durante varios días no comí, solo estaba recostado en la cama, cada día empeoraba, y pensaba: si no era el que creí ser, no valía la pena vivir.

La señora Dama me visitaba algunas veces preocupada.

Empecé a hervir en fiebre y resonaba en mi cabeza la voz burlona de Palmides el Grande y los castigos en mi jaula.

Escuche también llorar a la cocinera en la puerta de mi cabaña.

La señora Dama ordenó traer urgentemente un médico, quien dijo que definitivamente moriría.

La señora Dama se acercó a mi cama, me habló tranquilamente, y sus ojos me recordaron a los de M. Me habló sobre  Estebito y sus avances en los estudios. Levantó la vista y vio en la gaveta el ejemplar de El Conde de Montecristo y dijo:

– La novela preferida de Armando.

Luego tomó mi mano, hizo una larga pausa para finalmente decir:

– Haz sido un buen hombre –  y se retiró con los ojos llorosos.

Eso era lo que había esperado durante años, eso era en lo que esperaba convertirme, nada más que en un buen hombre, nunca dejaría de ser uno, pero todavía podría convertirme, o ya lo era, según la Dama, en un buen hombre, y esa sola frase sirvió de alivio y curación.

Volví a recuperar mi ánimo, a comer y a beber.

La señora Dama lo había logrado, sin imaginárselo. Para ella era un buen hombre, en un cuerpo de simio.

 

19 Acepté mi realidad

 Bueno, los siguientes años fueron distintos. Seguí trabajando de jardinero, pero desde que me enteré de mi condición simiesca, me decidí a aceptarlo, por ejemplo ahora trabajo descalzo y cada vez más retraído, también dejé de leer, pues pensé que la lectura era la culpable de todas mis desgracias.

Al siguiente verano Estebito llegó diferente, era más grande, y de acuerdo a lo que dijo la señora Dama, Esteban se preparaba para ingresar a una universidad en el extranjero, pero cuando la señora Dama no estaba, Estebito cambiaba los libros por jugar conmigo, hasta que ocurrió lo del accidente.

Cierto día mientras nos descolgábamos por uno de los árboles del patio, una rama cedió y Estebito cayó de gran altura.

Lo cargué y lo llevé a la casa. En la clínica dijeron que era una luxación en el tobillo y debía usar una bota de yeso por el resto de las vacaciones.

La señora Dama nos citó abajo el parrón y nos reprendió muy firmemente, dijo que Estebito debía permanecer inmovilizado en una tumbona en el patio y yo debía hacerle compañía, pero además nos entregó dos llaves de un modo tembloroso y con los ojos llenos de lágrimas. Estebito estaba muy contento, pues eran las llaves de la biblioteca clausurada en el sótano de la casa. En ella encontramos muebles llenos de libros y Estebito comenzó a revisar los títulos, pues le gustaban mucho las novelas de aventura, entonces comencé a mirar un gran mapa de África y pensé con tristeza que seguramente era allí donde yo había nacido y que mis padres vivían allí, y comencé a sentir la humedad de la selva de los bosque lluviosos de mis ancestros, a pesar de yo nunca haber vivido allí, y entendí que ahora era distinto, era un simio educado entre los hombres, y por ello también prisionero, otra vez prisionero pensé. Estebito me dijo que escogiera un libro, y subimos para comenzar nuestra primera sesión de lectura en el jardín.

 

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14 comentarios

  • Augusto abril 4, 2018en4:43 pm

    Te pasaste muchas gacias

  • anonimo abril 29, 2018en1:36 pm

    bacan weon un 7.0

  • Yanine mayo 7, 2018en9:50 am

    Como el simio se da cuenta que no es igual que los humanos?

  • vixo mayo 23, 2018en6:40 pm

    buena wn super weno el resumen

  • Fabina mayo 28, 2018en7:36 pm

    Gracias me sirvió mucho

  • por ahi no mas julio 4, 2018en6:31 pm

    ohh culiao grax:( dknkndk

    • anonima agosto 26, 2018en7:15 pm

      xD x2 bshdvisda

  • Anonymous julio 28, 2018en3:45 pm

    Buena gracias wom jejeje¡
    Muy buen resumen.

  • José agosto 9, 2018en10:16 am

    Muy bueno me salvaste mañana tengo prueba de este libro

  • Anonimo septiembre 23, 2018en6:48 pm

    Gracias me sirvió mucho

  • Pauly octubre 6, 2018en12:00 pm

    Muuuyyy bueno, me ayudo para la prueba

  • Agustin octubre 16, 2018en2:42 pm

    No lo he leído pero súper weno

  • Sofia octubre 25, 2018en4:11 pm

    Muuuuuuuuchas Graciaas me sirvio de muchio:3 Que sad:/ ksjkdsj Esoerachaocuidensekbrez<3

  • Diegoman345 octubre 25, 2018en8:33 pm

    Malo el resumen, me dio sida y cáncer al mismo tiempo

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