Resumen Un viejo que leía novelas de amor. Luis Sepulveda.

octubre 6, 2012

Capítulo séptimo

El grupo de hombres se reunio con las primeras luces del alba. Todos descalzos y con los pantalones hata las rodillas, menos el alcalde, que llevaba botas y un impermeable.
El edil repartio cartuchos para las escopetas. Antonio José permanecia alejado afilando el machete.
– Si me permite su excelencia: la botas de goma le van a estorbar la marcha- apuntó uno.
El alcalde no respondio y dio la orden de partir.
Se internaron en la selva, 2 adelante abriendo camino, el alcalde al medio y 2 atrás cerrando, caminado lento debido al lodazal y la lluvia.
5 horas después habian avanzado 1 kilometro, debido a las interrupciones de las botas del gordo que hundia los pies en el barro. Los hombres lo jalaban de los hombros para sacarle los pies hundidos y unos cuantos pasos después, otra vez el alcalde estaba hudido hasta las rodillas. De pronto la Babosa pedio una bota.
– La bota, busquenme la bota- ordenó
– Ya no aparece, mejor camine descalzo como nosotros.
Pero el alcalde comezó a meter la mano en el barro buscado la bota.
-Yo que usted no haría  eso, los escorpiones y otros bichos pueden esta durmiendo allá abajo.
-Se creen que me trago esas pendejadas- respondio el alcalde.
-No excelencia, espere.
El viejo corto una rama y la hundio repetidas veces en el barro, luego la limpió y cayó el suelo un escopión adulto.
El gordo sacó la pistola y disparo 6 tiros al escorpión y lanzo la bota al follaje. Asi la caminata se hizo más rápida, a excepcion de las subidas, pues el cuerpo amorfo del alcalde lo traicionaba.
Nuevos nubarrones cubrieron el cielo dejando una oscuridad impenetrable.
– No podemos seguir, no se ve nada- dijo el alcalde
-Eso suena sensato, ustedes se quedan aqui- dijo el viejo- yo voy a buscar un lugar seguro.
Se alejó y busco un lugar plano y con el machete palpó la textura del suelo, hasta que le devolvio un sonido metálico. Regresó al grupo y los llevo al sitio escojido.
-Necesitamos una fogata- dijo el alcalde.
-Así estamos mejor y cin una fogata las vestias no podrian ver y nosotrso a ellos no, por que estariamos encadilados- dijo Antonio.
Se organizaron para dormir haciendo guardia.
El viejo hizo la primera guardia. Sentado recordaba la vez en que se metio al arroyo para bañarse, un shuar lo vio y le dio el grito de alarma:
– No te metas, es peligroso.
Luego le exolicó que habian bagres guacamayos que son peces de hasta 2 metros de largo, muy amistoso con los humanos, pero que de un aletazo podia quebrarte el espinazo.
Se acercó el relevo.
-Ya dormi demasiado, ve a dormir
-No tengo sueño. Callado, callado- dijo el viejo.
-¿Qué será?
-Algo pesado, despierta a los demás.
No alcanzo a levantarse cuando aparecio el alcalde con una linterna ecendida.
-Apague eso – le dijo el viejo, botandole la linterna.
– Que te has creido.
Las palabras del gordo fueron seguidos por un batir de alas y una cascada fetida que cayo sobre ellos.
-Buena la hizo. Tenemos que marcharnos ahora mismo o las hormigas vendrán a disputar la mierda.
Caminaron hasta un claro.
-¿Que pasó?- preguntó el gordo.
– Por si le sirve, el mejor lugar es un árbol petrificado o quemado, por que alli cuelgan los murcielagos. Ellos al sentir algún peligro se van al lado contrario, y como usted prendio la
linterna se asustaron y soltaron la mierda sobre nosotros.
Se limpiaron y cuando tuvieron luz siguieron el camino. 3 horas despúes se detuvieron a comer.
– Estamos cerca- dijo uno
Pasado el medio día, vieron el puesto de Miranda,  y al colono lo encontraron algunos metros más allá. Con la espalda y el cuerpo abierto a zarpazos. Arrastraron hasta el puesto lo que habian dejado las hormigas.
– No era un mal tipo- dijo uno mientras fumaba.
– Desde que lo dejó la mujer por un fotografo, quedó mas solo que un bastón de ciego.
En eso entró el viejo:
– Afuera hay otro fiambre.
Salieron, el cuerpo estaba de espaldas con los pantalones abajo. Tenia los hombros y la garganta abierta.
– Creo entender todo- dijo el viejo, y se aprestó a explicar:
«El muerto era Plascencio Punan, y parece que se preparaban para comer juntos. En algún momento sintio ganas de vaciar el cuerpo y salió a hacerlo. En eso estaba cuando lo pillo la bestia. Miranda debe haber escuchado los gritos y vio la peor parte, entonces se preocupó de ensillar la acemila y largarse. Pero como ya sabemos, no llegó muy lejos»

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Un comentario

  • Anonymous noviembre 8, 2012en5:58 am

    muchas gracias hermano

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