Resumen Un viejo que leía novelas de amor. Luis Sepulveda.

octubre 6, 2012

Capítulo octavo

Envolvieron los cuerpos frente a frente en una amaca y los lanzarona una cienaga cercana.
Regresaron al puesto al oscurecer y montaron las guardias. 2 por turnos de 4 horas.
El viejo toma el primer turno y se apropio de lampara para leer su novela.
-¿ Verdad que sabe leer compadre?
– Algo
– ¿ Y que está leyendo?
– Una novela
-¿ De que trata?
– Del amor
Otro se acercó
-¿ Con hembras ricas y calentonas?
– No, se trata del otro amor, del que duele.
– Anda, lee un poquito más alto.
– ¿ En serio te interesa?
– Vaya que si.
– Entonces, tengo que leerles desde el principio.
«Paul la beso ardorosamente, en tanto el gondolero…»
– No tan rápido
Comenzaron a discutir y analizar la historia, pero no entendian lo de los botes en la ciudad de Venecia.
-Venecia es una ciudad construida en una laguna- bramo desde un rincon el alcalde.
– ¿Y como lo sabe, ha estado allá? – preguntó el viejo.
– No pero soy instruido. Por algo soy alcalde.
El viejo detuvo la conversacion, los hombres comprendieron y tomaron las armas, apagaron la luz y esperaron.
El alcalde se acercó al viejo:
– ¿El bicho?
– Si, y no se ha ido.
El gordo se paró y vació el revolver hacia la puerta. Los hombres encendieron la lámpara y movian la cabeza.
– Como se nota que usted es instruido, excelencia. Ya casi lo teniamos, debiamos esperar unas vueltas más hasta calcular la distancia en que estaba.
– A lo mejor le di – dijo el alcalde.
– Vaya a ver si quiere.
Siguiron durmiendo y al amaneces salieron a rastrear los alrededores, encontraron las huellas pero no habia rastros de sangre.
– Lo que menos me gusta es que el bicho anda a menos de 5 kilometros del Idilio- comentó el alcande.
El alcande ya no se atrevia a hablar, pues ya estaba muy desacreditado por su desconocimiento de la selva y por su cobardia, y se le ocurrió una salida lógica.
– Hagamos un trato Antonio, tú eres el más veterano de todos, te quedas solo, pues nosotros estorbamos, y rastrea y mata a la bestia. El estado te paga 5.000 sucres y nosotros nos vamos a proteger el poblado ¿qué me dices?
En realidad lo más sensato era volver a proteger el Idilio, la bestia no se demoraría en llegar al poblado. Pero algo le decia que andaba cerca. Comenzaba a preguntarse por que la muerte les parecia un acto de justicia, un ojo por ojo.
El gringo le habia matado las crias y quiza al macho. Por otro lado, la tigrilla parecia buscar la muerte y matarla seria un acto de piedad, que los hombres no podían comprender.
-¿ que me respondes?
– Conforme. Pero me dejan cigarro y cartuchos.
El grupo se fue y el viejo aseguró la puerta y leyó su novela.
Leia una y otra vez pero no lograba sentir la novela. Sus pensamientos estaban en todas direcciones.
– A lo mejor tengo miedo.
Apagó la luz y se tendió en los costales.
¿ Qué te pasa? No es la primera vez que enfrentas una bestia enloquecida ¿Por qué piensas que la bestia te buscará a ti? ¿Crees que la tigrilla te siente como un ser igual? No seas vanidoso Antonio José, tú no eres un cazador. Aunque los habitantes del Idilio te llaman asi y les dices que tu no eres cazador, por que los cazadores matan para vencer un miedo que los enloquece y los pudre por dentro.
La primera vez que cazaste fue por justicia o venganza. La anaconda habia dejado como bolsa de agua al hijo de un colono, tenía 12 años y tú seguiste su rastro. El corte fue sertero y la cabeza cayó al suelo. La segunda fue por homenaje al jefe Shuar que te salvó la vida. Esa ves fue sin odio, mientras comia la carnada, le lanzaste los dardos.
Tambien cuando los colonos te pidieron ayuda con un tigrillo muy fuerte que se cebaba con las vacas y las acemilas. Le seguiste el rastro y caiste en su trampa, trataste de escapar y el felino te comunico que sabia esperar.
Tres días de espera y por fin se dicidio a atacar, fue buen truco esperar en el suelo con el arma percutada.
No sabes mucho de ellos, los Shuar no cazan tigrillos por que la carne no es comestible. ¿Te gustaría tener a uno de los Shuar contigo?
Desde luego, a tu compadre Nushiño. Pero no es su asunto, tu eres el cazador de los blsncos, los Shuar solo cazan tzanzas.
La leyenda dice que un jefe Shuar se volvio malos y los ancianos determinaron su muerte, pero el Shuar se dio a la fuga convirtiendose en perezoso tzanza, por eso hay que matarlos a todos.
Se preparó para salir a buscar el rastro. Afiló el machete, bañó en sebo los  cartuchos y con la misma grasa formó una vicera en las cejas para que la lluvia no le estorbara.
Encontró rastros del felino, plantas aplastadas y la imagino moviendo el rabo frenetica, excitada anta la cercania de las victimas, ojos fijos, musculos tensos.
Busco una leve elevacion de terreno que le permitiria un buen punto de observacion. Decidio abandonar la lomita y se dirigio al poniente.
Paró de llover, para dar paso a la  neblina, y en medio del efimero arcoiris, la vio , se movia hacia le lsur a unos 50 metros de distancia. Calculó que se rabo a cabeza media 2 metros. Desaparecio tras un arbusto y la volvio a ver ahora en direccion norte.
Ese truco lo conozco. se me quieres aqui, bueno, me quedo. Entre la nube de vapor tu tampoco vas a ver nda- le grito y apoyo la espalda en un tronco.
La pausa de lluvia duró poco y volvio  a llover con más intensidad. La hembra se dejó ver, siempre en direccion norte-sur.
El viejo la miraba estudiandola.
– Aqui me tienes. Yo soy Antonio José Bolivar Proaño y lo único que me sobra es pasciencia. ¿Me tomas por un cojudo? Se que me cortas el camino al río, quieres verme huir a la selva y seguirme. No eres tan inteligante como supuse.
Quedaba 1 hora de luz y la fiera lo queria ahi, solo esperaba la oscuridad para atacarlo. Esperó que la tigrilla diera la vuelta, y entonces a todas carrera se lanzo en pos del rio, pero la bestia se dio cuenta y corrio junto a el, con las patas delanteras lo empujó y Antonio cayó atontado pendiente abajo, con machete en mano, espero el ataque funal, pero la fiera no atacaba.
El viejo se movio lentamente y recurepo la escopeta
-¿Porqué no me atacas? – Le echó el arma a los ojos, a esa distancia no podia fallar. Escucho al macho, se encontraba dentro de un árbol hueco, flaco, débil y herido.
-¿Eso buscabas?¿Qué le diera el tiro de gracia?- gritó el viejo y la hembra se escondió.
El viejo se acercó al macho  y puso los cañones en el pecho del animal.
-Lo siento. Ese gringo hijo de puta nos jodio la vida a todos- y disparó.
Camino hasta un puesto abandonado de buscadores de oro. Estaba casi oscuro, tomó unos bananos seco y se metio bajo el vientre de una canoa rasgada.
Comio los bananos, fumo un cigarrillo y durmio.
Soño que estaba sentado frente al rio y en el fondo observaba algo que cambiaba de forma.
-Es tu propia muerte disfrazandose para sorprenderte. Si lo haces, es por que todavia no te llega el momento de marcharte. Cazala – le decia el brujo Shuar.
Comenzó a sentir que algo caminaba sobre la canoa, era la tigrilla que se paseaba de un extremo a otro y lo meaba, marcandolo como una presa, cosiderandolo muerto antes de enfrentarlo.
Por la luz, Antonio calculó que era medio día, y la fiera comenzó a cabar en un extremo del bote, dispuesta a entrar a su escondite ya que él no respondia al desafio. Al meter la garra para dar un zarpazo, Antonio le disparó saltando la sangre, pero erro y tambien los perdigones entraron en su empeine. Estaban igual de heridos. La tigrilla se alejó 100 metros y el viejo salió de la canoa muy adolorido.
– Aqui estoy. Terminemos este maldito juego de una vez por todas- gritaba, no sabia si en Shuar o castellano y la vio correr hacia él. El viejo se agachó y cuando la fiera alzo el vuelo, al llegar a la cumbre, Antonio apretó el gatillo. El animal cayó a un lado con el pecho abierto.
El viejo se acercó, era más grande de lo que calculó. La acaricio y lloro avergonzado, en ningún caso vencedor.
Con los ojos llenos de lágrimas arrojo el cuerpo de la tigrilla al río y luego la escopeta. Bestia de metal indeseada por todas las criaturas.
Guardo la dentadura en el pañuelo y mientras maldecia a todos los que emputecian la virginidad de su Amazona, se echo a andar en pos de El Idilio, a su choza, sus novelas que con hermosas palabras aveces le hacian olvidar la barbarie humana.
FIN

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8

Un comentario

  • Anonymous noviembre 8, 2012en5:58 am

    muchas gracias hermano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *